Cuando mir√© los tranquilos y redondos ojos del caballito de color casta√Īo rojizo, pens√© en todas las personas que me preguntaban: “¬ŅLos animales tienen alma?”, La Srta. Tanya resopl√≥ mientras me frotaba la parte inferior de la cabeza, y me imagin√© ella diciendo: “Este humano est√° bien. Por cierto, ¬Ņtienes una manzana para m√≠? “Los due√Īos del caballo de carreras quer√≠an que mi amigo Brian, un acupunturista animal, tratara a la se√Īorita Tanya, y Brian me hab√≠a pedido que lo acompa√Īara, as√≠ que podr√≠a relacionarme con el alma de este hermoso caballo y tratar de averiguar por qu√© la se√Īorita Tanya estaba tan fren√©tica cuando ella pis√≥ una pista de carreras.

Carlotta, una de las due√Īas de los caballos, levant√≥ una ceja esc√©ptica cuando Brian pregunt√≥ por traerme, pero se encogi√≥ de hombros y dijo que intentar√≠a cualquier cosa. Las carreras de caballos son un deporte costoso, y despu√©s de gastar miles de d√≥lares en entrenamiento y mantenimiento, la se√Īorita Tanya no estaba a la altura de su potencial

Brian y yo llegamos a los establos para encontrar seis caballos en o alrededor de sus puestos. Una mano joven y estable estaba combinando la melena plateada de un palomino. Dos caballos estaban siendo conducidos alrededor del ring para hacer ejercicio. Brian se√Īal√≥ a su yegua favorita, Saladin, un √°rabe de color negro azabache que parec√≠a haber enviado su vida a poner estatuas. Su cuello era del tama√Īo de un mont√≥n de bates de b√©isbol.

En su puesto, masticando tranquilamente heno estaba la se√Īorita Tanya. Tiene una altura de 15 manos y sus m√ļsculos bien definidos se destacan y benefician a su elegante abrigo marr√≥n. Cuando nos acercamos a ella, ella levant√≥ la cabeza y resopl√≥, luego resopl√≥ dos veces y hundi√≥ la cabeza en su abrevadero.

Carlotta me respet√≥ con una sonrisa. Le hizo un gesto con la barbilla a la se√Īorita Tanya y le dijo: “Solo te est√° diciendo qui√©n es el jefe”.

“S√≠, se√Īora”, le dije al caballo y luego le acarici√© la cabeza con suavidad. Amo los caballos. Son animales tan maravillosos, amorosos, sabios, y tan en sinton√≠a con sus emociones. La se√Īorita Tanya me mir√≥ y parpade√≥ dos veces. Sent√≠ una punzada de tristeza. La se√Īorita Tanya pareci√≥ asentir, luego me acarici√≥ la mano. Dese√© tener un pu√Īado de avena para darle.

Manteniendo mis ojos fijos en el caballo, dije: “Ella no siente que la est√©n escuchando”.

Carlotta se ri√≥ mientras retiraba su grueso cabello oscuro y lo ataba en una cola de caballo. “Ella no es la √ļnica. Honestamente, a veces, creo que ninguno de estos caballos dice nada por lo que hago por ellos”.

¬ŅC√≥mo te sientes? Le pregunt√© en silencio a la se√Īorita Tanya.

Estoy aburrido, parecía ser la respuesta. Quiero correr por fuera.

No s√© cu√°nto tiempo pas√≥, pero cuando tuve la sensaci√≥n de que a la se√Īorita Tanya le gustaba correr, pero no le gustaba correr. Cada vez que se alineaba en las puertas de salida, todos los dem√°s caballos estaban de mal humor o bien empe√Īados en la competitividad. Estaban tan concentrados en ganar, que la desconcertaban. Como resultado, ella quer√≠a que se apuraran y salieran de su espacio. Lo que explicaba por qu√© ella usualmente era la √ļltima.

Te gusta correr, le dije mentalmente a la se√Īorita Tanya. Piensa en una carrera como otra forma de correr. Ignora a los otros caballos. S√≥lo divi√©rtete yendo r√°pido.

La se√Īorita Tanya resopl√≥ una vez, si hubiera sido humana, podr√≠a haberse ido “¬°Mmm!” – Entonces se alej√≥ de m√≠.

Para entonces, Brian y Carlotta estaban en otro puesto, atendiendo a Bucky, un Bergeron con una cojera. Era extra√Īo ver al enorme caballo parado, pareciendo disfrutar de la acupuntura con varias agujas delgadas en su flanco.

“Si quieres ayudar a la se√Īorita Tanya”, dije, “pon√© las anteojeras en sus ojos antes de la pr√≥xima carrera.

Carlotta asintió, considerando la idea.

Durante las siguientes horas, Brian y yo pasamos tiempo con los otros caballos. Canela me dijo que estaba embarazada y que estaba emocionada por prepararse para el potro. Rockefeller amaba a Carlotta por cuidarlo cuando estaba enfermo, y pensaba que su due√Īo era “mam√°”. Y Bucky deseaba que la gente lo cepillara m√°s a menudo. Carlotta apareci√≥ entrometida cuando le cont√© mis impresiones.

Dos domingos m√°s tarde, vi a la se√Īorita Tanya correr en Woodbine y la pobre chica lleg√≥ sexta de las siete. Desde las gradas, not√© que no llevaba anteojeras. Oh bien …

Habl√© con Brian anoche, quien me dijo que Carlotta hab√≠a admitido que despu√©s de mi visita, sus caballos parec√≠an escucharla m√°s. Pero a√ļn no pod√≠a entender por qu√© la se√Īorita Tanya corr√≠a tan bien cuando estaba sola.

Si tiene alguna pregunta o comentario sobre este tema o sobre cualquier otro asunto espiritual, no dude en escribirme a mail@carolynmolnar.com . ¡Y por favor visítame otra vez!

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